Los gladiadores fueron los grandes protagonistas del Coliseo. La mayoría eran esclavos y prisioneros entrenados para luchar en la arena ante decenas de miles de espectadores. Había distintos tipos según su armamento, combatían siguiendo reglas y entraban al escenario desde el hipogeo, los subterráneos del anfiteatro Flavio. Aquí te contamos cómo era su mundo y cómo pisar hoy la arena donde lucharon.
Los gladiadores eran combatientes profesionales del espectáculo romano. La mayoría eran esclavos, prisioneros de guerra o condenados obligados a luchar, pero también hubo hombres libres que se enrolaban voluntariamente buscando dinero y fama. Los mejores se convertían en auténticas estrellas, idolatradas por el público.
Se entrenaban en escuelas llamadas ludus, bajo la disciplina de un lanista. La más importante era el Ludus Magnus, situado justo al lado del Coliseo y conectado con él por un túnel subterráneo, de modo que los gladiadores pasaban de su escuela a la arena sin salir a la calle.
No todos luchaban igual. Existían varias categorías según el armamento y el estilo, y solían enfrentarse en parejas complementarias para que el combate fuera equilibrado y espectacular. Estos son algunos de los más conocidos:
Frente a la imagen del cine, no todos los combates terminaban a muerte. Formar a un gladiador era caro y los organizadores no querían perder su inversión, así que muchos enfrentamientos acababan con la rendición del perdedor. Si un gladiador caía, su destino podía decidirse con el gesto del público y, sobre todo, del que pagaba los juegos. Aun así, la muerte era un riesgo real y frecuente.
Antes de empezar, los gladiadores desfilaban y saludaban al palco de honor. Un árbitro vigilaba que se respetaran las reglas. El que ganaba recibía una palma y, a veces, premios en metálico; los más laureados podían incluso comprar su libertad y recibir la rudis, una espada de madera símbolo de su retiro.
Los gladiadores entraban a la arena por la Porta Triumphalis y salían, vivos o muertos, por la Porta Libitinaria —la llamada Puerta de los Gladiadores o "puerta de la muerte"—, dedicada a Libitina, la diosa de los funerales. Eran los dos extremos del eje mayor de la arena.
Bajo el suelo se extendía el hipogeo: dos niveles de túneles, celdas y jaulas donde esperaban gladiadores y fieras. Mediante montacargas y trampillas, los animales y combatientes aparecían de repente en la arena, como por arte de magia, para sorpresa del público. Hoy esta red subterránea es uno de los grandes atractivos del Coliseo y puede recorrerse con el tour que da acceso a la Arena.
El tour con acceso a la Arena te lleva a la plataforma reconstruida sobre el hipogeo, justo donde luchaban los gladiadores: una zona que la entrada normal no incluye. Con guía en español, sin colas y plazas limitadas que se agotan pronto.
Ver el tour de la Arena de gladiadores →
⏳ El Coliseo agota entradas a diario en temporada alta. Reserva con antelación · cancelación gratuita.
Luchadores que combatían en la arena ante el público. La mayoría eran esclavos, prisioneros o condenados, pero también hubo hombres libres que se enrolaban por dinero y fama. Se entrenaban en escuelas llamadas ludus, como el Ludus Magnus, junto al Coliseo y conectado con él por un túnel.
Muchas categorías según el armamento: el reciario (red y tridente), el secutor y el mirmillón (casco, escudo y espada corta), el tracio (escudo pequeño y sica curva) o el hoplomachus. Solían enfrentarse en parejas complementarias para que el combate fuera equilibrado.
No tan a menudo como muestra el cine. Entrenar a un gladiador era caro, así que muchos combates terminaban con la rendición del perdedor sin que muriera. El público y el organizador podían pedir clemencia. Aun así, la muerte era un riesgo real.
La red de túneles y celdas bajo la arena donde esperaban los gladiadores y se guardaban las fieras antes de salir mediante montacargas y trampillas. Hoy puede verse con el tour que da acceso a la Arena y a los subterráneos, una zona que la entrada normal no incluye.
Crea tu itinerario día a día —qué ver, cuánto tiempo dedicar y dónde comer— con nuestro Trip Planner gratis, sin registro.
Planifica tu viaje a Roma →