El Coliseo de Roma, cuyo nombre original es anfiteatro Flavio, se construyó entre el 72 y el 80 d.C. por la dinastía de los Flavios. Con capacidad para entre 50.000 y 80.000 espectadores, fue el mayor anfiteatro del Imperio y el escenario de los combates de gladiadores. Esta es la historia de cómo se levantó, qué se vivía dentro y cómo ha llegado en pie hasta el siglo XXI.
El emperador Vespasiano mandó construir el anfiteatro hacia el 72 d.C. sobre el terreno donde Nerón había levantado su lujoso palacio, la Domus Aurea, y su lago artificial. El gesto era político: devolver al pueblo de Roma un espacio que un tirano se había apropiado. La obra avanzó deprisa gracias a la riqueza obtenida en las campañas de Judea.
Vespasiano no llegó a ver el edificio terminado. Fue su hijo Tito quien lo inauguró en el 80 d.C. con cien días de juegos. El tercer emperador flavio, Domiciano, completó el nivel superior y excavó los subterráneos. De los tres emperadores de esta familia —los Flavios— procede el nombre original del monumento: anfiteatro Flavio. El nombre "Coliseo" (o "Coliseum") llegó después, probablemente por el colosal del cercano Coloso de Nerón.
El Coliseo medía unos 188 por 156 metros y se elevaba unos 48 metros de altura. Su capacidad se estima entre 50.000 y 80.000 espectadores, según la fuente, lo que lo convertía en el mayor anfiteatro del mundo romano. Un sistema de 80 arcos y pasillos numerados, los vomitoria, permitía llenar y vaciar el graderío en pocos minutos.
El público se sentaba según su rango social: el emperador y los senadores en las primeras filas, junto a la arena; los caballeros y ciudadanos en los anillos intermedios; y las mujeres y las clases más humildes en la grada superior, la más alejada. Un gran toldo retráctil, el velarium, protegía del sol a parte del público.
El Coliseo se construyó para el espectáculo. Los más célebres eran los combates de gladiadores (munera) y las cacerías de fieras (venationes), en las que se exhibían y mataban animales traídos de todo el Imperio. También se celebraban ejecuciones públicas y, según las fuentes antiguas, en sus primeros años posibles naumaquias, batallas navales representadas con la arena inundada de agua, antes de que se construyera el hipogeo bajo el suelo.
Los juegos eran gratuitos para el pueblo y los costeaban los emperadores como herramienta de poder: el famoso "pan y circo". Si quieres profundizar en quiénes eran los protagonistas de la arena, lee nuestra guía sobre los gladiadores del Coliseo.
Con la caída del Imperio romano de Occidente, los espectáculos fueron desapareciendo: los últimos combates de gladiadores documentados son del siglo V y las cacerías terminaron en el VI. El anfiteatro quedó en desuso. A lo largo de la Edad Media sufrió varios terremotos —especialmente el de 1349— que derribaron buena parte de su anillo exterior sur, y durante siglos sirvió de cantera: su piedra y su hierro se reaprovecharon para construir palacios e iglesias de Roma.
La protección del monumento empezó a tomarse en serio en el siglo XVIII, cuando el papa Benedicto XIV lo consagró a la memoria de los mártires cristianos y frenó el expolio. Desde entonces se han sucedido restauraciones que han estabilizado la estructura. Hoy el Coliseo es Patrimonio de la Humanidad, una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo y el monumento más visitado de Roma, con unos 12-14 millones de visitantes al año.
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Se construyó entre el 72 d.C., bajo Vespasiano, y el 80 d.C., cuando su hijo Tito lo inauguró con cien días de juegos. Domiciano, tercer emperador de la dinastía Flavia, añadió después el nivel superior y los subterráneos. De ahí su nombre original: anfiteatro Flavio.
Las estimaciones varían entre 50.000 y 80.000 espectadores. El público se sentaba por orden social: el emperador y los senadores en las primeras filas y las clases más humildes en la grada superior. Era el mayor anfiteatro del Imperio romano.
Combates de gladiadores y cacerías de fieras, además de ejecuciones públicas y, en sus primeros años, posiblemente naumaquias o batallas navales con la arena inundada. Eran gratuitos para el pueblo y servían como herramienta política de los emperadores.
Tras caer en desuso, sufrió terremotos y fue usado como cantera durante siglos, lo que explica que falte parte de su anillo exterior. Su conservación mejoró desde el siglo XVIII, cuando se consagró a la memoria de los mártires cristianos. Hoy es Patrimonio de la Humanidad.
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